Pedacitos de comida se acomodan nerviosos entre mis dientes. Apareces tú, caliente. Hambriento de lengua y saliva te lanzas a mi boca. Migas de pan recibes como respuesta, pero eres como los pájaros, libre. Y quedas saciado de mí

A cada paso que daba, notaba como se hacía más y más pequeña. Cuando llegó a la plaza gateando, tendría unos ocho meses. Allí la adoptaron.